Gracias, Buenas tardes: cuando la contradicción queda al descubierto.

“Gracias a las personas que me respondieron buenas tardes, sin que les importara como yo estoy vestido”. Fue un reclamo directo y  claro frente a un público indiferente. No había razón para no saludar, pensé; en cualquier otra situación lo hubiera hecho, tan solo por aparentar decencia y un mínimo de humanidad, pero es que esta vez era un rapero, y no cualquier tipo de rapero. Era un rapero del sur, que se colaba en el Transmilenio. Sí, en ese transporte masivo en el que no se puede trabajar como él lo hace, “porque si me coge un policía, me detienen 24 horas en una estación”, aseguró con un tono de reclamo ante un gran número de personas que parecían ignorarlo.

image

Antes que nada, debo reconocer que mis prejuicios fueron los que operaron en esta situación, antes que mis pretendidas intensiones de humanista, humanitario, humano y todas las hum… Estas palabras de reclamo, hizo que me cuestionara sobre la carga social y el conjunto de prejuicios sobre la seguridad, que asumimos cuando abordamos un colectivo de servicio público.

Lo anterior, ¿Es acaso una actitud de defensa en una sociedad insegura? o simplemente ¿Es la aceptación y negación sobre los estereotipos que socialmente construimos sobre ciertos espacios? Digo aceptación, porque muchas veces los estereotipos que construimos son mucho más fuertes que la posibilidad de reconocer al otro como sujeto, lo cual es una total negación de la diversidad y pluralidad con la que cotidianamente nos topamos. Claro, esto es una gran contradicción pero ¿Quién no las tiene? Más aún, en esta sociedad en la que a diario la televisión nos reafirma nuestros prejuicios.

Finalmente, asumí que una manera de  sentirme bien conmigo y remediar ese episodio, era prestándole la atención que muchos simulaban no ponerle, pero que era inevitable no escuchar. Di un poco la vuelta sobre el espaldar de mi asiento y mientras lo escuchaba rapear, me fijaba en el rostro de las demás personas. Frente a mi silla, en la unión de los “vagones” del articulado de Transmilenio, había una pareja de novios sentada en el piso; un señor vestido de saco y corbata, la cual tenía bordada el logo del Milan; y una joven con su celular en la mano escuchando música a todo volumen, realmente no le interesaba escucharlo, creo.

De esto en particular, llamo mi atención la pareja de novios, que no paraban de hablar y darse besos a cada instante, demostraban su total indiferencia por quien estaba cantando, es más solo le prestaron atención cuando dio gracias al Alcalde Petro “por haber mejorado la ciudad”, en este instante se miraron, levantaron las cejas y en sus rostros se dibujó una sonrisa irónica; seguramente porque los programas sociales de la alcaldía, no han llegado ni llegarán a sus barrios de clase media.

El rapero seguía hablando y cantando su historia, su inconformismo con una sociedad en la que claramente él no cuadra, pues dejó muy claro que lo suyo no era vestir de saco y corbata, porque esa gente simplemente le es útil a un sistema de desigualdades y no solucionan nada, fueron algunas de sus palabras. De inmediato, mi atención se volcó sobre el señor en la mitad de articulado, quería ver su rostro, pero no hubo reacción alguna, supongo que poco o nada le importaba lo que este muchacho de pañoleta y ropa ancha dijera, pero de quien temía. Antes de que el rapero se subiera, hablaba por celular y cuando lo vio acercarse colgó, guardó su celular y su mirada se fijó sobre la ventana del frente, una vez supo que el rapero no era peligroso y terminó de cantar, volvió a tomar su celular y marcó.

Al finalizar su lírica, el rapero agradeció y pidió un aplauso “a quien considere que me lo merezco”, puntualizó, sin dudarlo aplaudí, puesto que era una manera de reconocer que me había equivocado de entrada y que así como yo lo había juzgado a él por su forma de vestir, seguramente mucha gente lo ha hecho conmigo, cosa que tanto a mí como a él creo que no nos importa.