¿Cómo van los días?

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Sin duda llegar a vivir a otro país es algo que tiene un cierto grado de complejidad, más cuando, movido por las hipervisualizaciones que nos generan esos estereotipos mediáticos, sientes que siempre estás como turista. De paseo, en un lenguaje más coloquial. Asumir esa realidad es un poco complejo, pues renunciar por completo a la construida “(ir)realidad”, de que aquí siempre están de carnaval resulta como tratar de olvidar un vallenato harto, siempre viene a la mente alguna estrofa.

Es por eso, que en vez de renunciar simplemente transformo esa realidad (ahora imagen) por una más agradable. Esa que es capaz de crear la literatura, tan solo describible por medio de palabras, miradas al cielo y ensoñados pensamientos; una construcción imaginaria, que de seguro es más cerca a la realidad de lo que lo son las imágenes mediáticas.

Ahora entiendo porque algunos dicen que en mi país (Colombia), el realismo mágico no es un género de la literatura, sino que es parte de la vida diaria del país. Aquí en Brasil, no hago más que pensar en ese país que Jorge Amado en “Doña flor y sus dos maridos” retrataba y me hacia imaginar mientras leía las experiencias, de tal vez, una vida cotidiana en los barrios populares de este gingantísimo país.

Al llegar aquí, mi experiencia de vivir en un barrio popular fue bastante interesante, no solo por las cosas que debía aprender (por mi buen karma), sino por el sin fin de sentidos sociales y cosas que allí podía percibir. Cuando vuelvo a leer sobre la escuela de Chicago y esa celebre afirmación de “la sociedad es un gran laboratorio (social)”, no encuentro una cosa más interesante que el estudio de este tipo de fenómenos. En resumen podría decir, que Jesus Martín-Barbero es una buena referencia para esta compresión de lo diferente, lo popular.