Shhh, llego la cannabis…

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– ¿Parce un plon?

– No, todo bien.

– Le molesta si fumo aquí.

– No, tanquilo.

– Breve…

Fue la primera vez que alguien me ofreció fumar un “plon” de marihuana, hace unos sietes años. Recuerdo que eran más de las 6:00 de la tarde, sentados sobre una banca de cemento en las conocidas ‘Terrazas del Ché’, cuatro personajes intentábamos salvar el país, como suele suceder en este tipo de conversaciones, al final tan solo quedaban unos puntos suspensivos. Un silencio. Mientras nos mirábamos las caras, alguien tomó de su bolsillo una hoja de papel arrugada. Ni me pregunté por qué alguien guarda en su bolsillo una hoja de papel así. En ese instante tan sólo me detuve a observar la escena.

Después de desarrugar la hoja de papel en forma de bola, me percaté que dentro de ella había otra bola. Si, una bola verde, es decir, marihuana. No niego que fue algo inquietante, pues era la primera vez que veía a alguien tan cerca mío sacar un poco de marihuana para rascarla, ponerla en el cuero y después ‘armarlo’[el cacho]. Justo en ese momento, recordé las palabras de varias personas, incluidas las de mi familia: “tenga cuidado cuando le ofrezcan algo, mucha gente se queda allí; esa persona no es una buena amistad, mejor alejarse de gente así”.

Esta experiencia no fue algo que cambió mi vida. No. Tan solo fue algo que me hizo saber hasta dónde mi carácter era lo suficientemente fuerte para decir ‘No’ a algo que considero perjudicial para mi cuerpo y mente. Si bien este momento fue en el que comencé a comprender que cada quien tiene Libre Albedrío sobre su vida y su cuerpo, también fue el instante en el que asumí que consumir marihuana no hace a una persona mejor, peor o un problema para la sociedad. Desde ese momento, cualquier cantidad de veces me han ofrecido de nuevo un “plon”, la mayoría de las veces tan solo digo un ‘no’ rotundo y cerrado, otras ese ‘no‘ va acompañado de una explicación, si la gente lo pregunta.

El caso, es que más allá de contar mi experiencia particular como ‘pollito’, es decir, como se lo escuché a una persona un día, alguien que no consumo hierba pero que acompaña a otro para fumarla. Que esto no es más que un fumador pasivo, así como cuando alguien se fuma un cigarrillo cerca tuyo, solo que este a mi parecer tiene un olor un poco menos desagradable. Llegando al punto, lo que realmente quiero expresar es que el consumo de marihuana sea bueno o malo, no lo sé, implica también una discusión ética sobre la manera en que hago uso de ella y sobre todo la forma en que se obtiene.

¿Por qué digo que una discusión ética? Una respuesta simple es que la mayoría de la gente (aquí generalizando sin tener certeza de que sea así, pero tal vez) obtiene la marihuana sin preguntarse si quiera de dónde viene, quién la produjo, quién la cargo, cuántas personas tuvieron que morir para que el traficante pudiera comercializarla. Está discusión, tal vez, deja por fuera a quienes de manera consciente y hasta valerosa para mi, deciden tener en su casa su propio cultivo, producir su propia dosis y así, finalmente, no entrar a hacer parte de ese circulo de la muerte, como lo es el narcotráfico.

Claro, aquí el otro cuestionamiento es ¿Por qué no es legal? Si lo fuera todo se solucionaría. Pero como no lo es, por ahora, cosa que aplaudo del Gobierno Uruguayo, tenemos que operar lo queramos o no bajo este contexto. Legalizar la marihuana y el uso controlado de ella, me parece, es una respuesta práctica y sensata para las dinámicas de las sociedades contemporáneas. El que quiera consumir que consuma y el que no quiera que no lo haga, pero que ambos se respeten. Así como hay zonas para fumadores de tabaco, debería haber para consumidores de cannabis. Si la gente se mata fumando cigarrillos de nicotina porque no lo puede hacer, si realmente es dañino, algunos porros.

Censurar moralmente a quien consume marihuana, en mi opinión, es un desacierto porque siendo así tendríamos que hacer lo mismo con quien fuma tabaco, o de igual manera con los racistas, xenófobos, homófonos, sexistas, machistas y todas estas cosas que son repudiables pero que muchas veces en nuestras sociedades son moralmente aceptadas, nadie dice nada y cuando tienen que decir, lo hacen de forma errada.

La marihuana, al contrario de como lo quieren hacer creer en mi país, NO es la mata que mata. Pues ya lo dije, quien es autoproveedor de su propia dosis tan solo se está matando a si mismo, quien no, pues ya tendrá que entrar a cuestionar y evaluar su coherencia con el mundo y lo que habla. Aquí algunas ideas de lo que pienso, pero con certeza la discusión está abierta, ya que es larga y profunda. Por ahora, tan solo seguiré diciendo no gracias y acompañando a mis amigos y conocidos en sus ‘chumas’.