El tamborilero de Caranacoa

Batucada Caranacoa es un ensamble de tambores e instrumentos de viento que, a ritmo de dundunes, chekere, djembe y didgeridoo, pretende despertar en las personas los sentimientos de amar a la naturaleza, retomar las raíces y recuperar lo que se ha perdido. Algo que para Felipe “es lo que le da sentido a las cosas y lo amarra a uno a la Tierra”.

Desde hace dos años, Felipe Zuleta, estudiante de septimo semestre de negocios internacionales en la Universidad de Ibagué, se dedica a irradiar “buena energía” con los sonidos del instrumento que lo enamoró, el Djembe. Felipe considera que “el golpe del tambor y el Djembe va relacionado con los latidos del corazón”, tal vez, por ese motivo, desde que inició a tocar en el grupo Batucada Caranacoa, es que contagia a los demás de alegría y “buena onda”.

Para él “los tambores hacen vibrar el corazón y el espíritu, pues cualquier persona que toque estos instrumentos hace mover el cuerpo. De hecho, durante la presentación del grupo en el bar de reggae Jamming, ubicado en el centro de Ibagué, las personas presentes no dejaron de bailar hasta que el último sonido de los tambores se desvaneció entre el murmullo de sus propias voces.

Precisamente, la idea de la batucada original, como ritmo africano, era brindar un espacio de dispersión a los miembros de la tribu y, para ello, los aborígenes bailaban alrededor de los miembros que tocaban los tambores. Estas personas golpeaban los instrumentos para producir sonidos nacidos desde lo más profundo de sus sentimientos. Esto último, es lo mismo que, en un principio, hicieron estos jóvenes ibaguereños cuando empezaron a tocar batucada. “Al inicio fue lo que saliera. No conocíamos nada de percusión pero lo hacíamos por sentimiento”, comentó Zuleta.

Después, con el pasar del tiempo se interesaron por aprender la técnica y hacer de este ritmo un elemento más de su vida cotidiana. “La música, personalmente, en mi vida es un complemento que me ayuda a sentirme feliz y bien con mi propio yo”, asegura Felipe, quien, además, encontró en la música un medio de expresión que lo libera de sus rabias contra las cosas que pasan en la sociedad. Por eso, a sus 24 años de vida, piensa que la música siempre ha estado muy ligada a su vida y es lo que le ha permitido no perder el rumbo de su vida.