Negro Andrógino: malabarista y artesano de la madre tierra

Andrés

El equilibrio, parece ser la palabra que más se ajusta al estilo de vida de este joven artista, a quien, la ‘R’ también le va implícita: respeto, reciclar, reducir y reutilizar.

Andrés Duque o Negro Andrógino, como normalmente se le conoce, es un joven de 22 años, estudiante de octavo semestre de Ingeniería Forestal de la Universidad del Tolima, quien, durante los últimos dos años y medio de su vida, descubrió que tenía una serie de habilidades que le permitieron empezar a transformar su entorno y, en ese sentido, convertirse en agente de cambio social. De pequeño nunca se imaginó que pudiera llegar a tejer un bolso con cinta de casete o hacer malabares con tres clavas, pues según él “era malísimo para pintar, dibujar o tejer”.

Al principio era un hobby ya después se convirtió en un estilo de vida”

En el arte del malabarismo comenzó a mediados del año 2008, cuando un malabarista le explicó la secuencia común, la cual, empezó a practicar con tres guayabas, luego paso a tres limones, después con tres pelotas y finalmente con las tres clavas, que la gente tiende a confundir con los pinos de los bolos. “Tuve un proceso de aprendizaje lento, como de unos 9 meses, porque me formé solo”, agregó el Negro.

Sin embargo, en ese proceso conoció otro joven de Bogotá y otro de Manizales, quienes lo ayudaron a perfeccionar sus movimientos; uno de ellos le regaló su primer monociclo. Después, tuvo la oportunidad de comprar unas clavas en una tienda de circo. “De ahí en adelante compré muchas cosas, entre esas otro monociclo; empecé a mejorar y me salía trabajo en malabares”, aseguró el joven artista.

A propósito, el interés del Negro por los malabares no fue de carácter económico o lucrativo; como el mismo lo dijo, eran más bien “ganas de jugar, como cuando uno va al parque y monta en el columpio”. De hecho, una de las cosas que más lo motivó, para seguir en este arte, es que “los malabares son infinitos. Se pueden hacer con tres, cinco, siente o nueve clavas. Es algo que nunca se va acabar porque siempre van haber jugadas. Por eso, uno después carga las clavas y el monociclo para todo lado”.

Aunque al principio él pensaba que solamente era cuestión de tirar pelotas, luego de investigar se dio cuenta que los malabares también tienen estudios estadísticos, análisis matemáticos y una numerología común. No bastaba con saber cómo lanzarlas, sino que debía haber un proceso de entrenamiento constante, es decir, una rutina para poder ir perfeccionando los movimientos y en el momento de las presentaciones impactar al público.

Inicialmente, no todas las personas que empiezan a jugar lo adoptan como un estilo de vida, hay tiempos de furor”, aseguró él, en los que muchas personas se entusiasman y luego de un tiempo lo dejan. Por esta razón, para Andrés “no todo el que hace malabares es un malabarista, ni adopta eso como forma de vida. Los malabares es una cuestión muy loca, pues, si uno no lo vuelve algo lucrativo y abre su mente a las relaciones, lo cambia a uno en la manera de compartir, comunicarse y comportarse”.

El Eco-arte más que construir debe cambiar nuestra forma de vivir”

La propuesta del Negro Andrógino en torno a la artesanía con recursos reciclables, nació como un proyecto, en cuarto semestre, en la materia seminario de investigación, “allí pensé una propuesta de reciclaje, de hacerlo artesanalmente, al docente no le interesó el Eco-arte, pero a mí sí, por eso continúe investigando”, explicó él mismo. Aunque al principio no sabía ni tejer, por tal motivo, le pidió ayuda a una tía y a una amiga, quienes le enseñaron lo básico para que pudiera empezar.

Luego de conocer bien, como era el proceso de reciclaje de plástico, se dedicó a recolectar bolsas y a cortarlas, esto último lo aprendió por Internet, en un video de una brasilera que explicaba cómo debía hacer el corte, para luego proceder a tejer. Lo primero que hizo fue una mochila y un monedero, después, empezó hacer billeteras, con empaques de Tetrapak; aretes y estrellas, con el plástico de las botellas y, por último, utilizó cintas de casete para tejer bolsos.

La idea del proyecto más que construir formas alternativas de hacer cosas lo que pretendía “era cambiar nuestra forma de vivir, con respecto a lo que llamamos basura. La propuesta era utilizar las tres R: reducir, reciclar y reutilizar”, argumentó Andrés. A él, según comentó, le resulta ilógico pedir una bolsa en la panadería para botarla al otro día. Razón por la cual, en su casa decidió implementar las tres R.

En ese sentido, para Andrés Duque lo que hace no tiene un interés económico. Aunque su arte dependa de las bolsas, el preferiría que estas dejaran de existir o la gente las dejara de utilizar. Como él afirma: “la idea es crear esa conciencia ambiental, con el fin de generar un equilibrio con lo que se ha perdido, lo que nosotros hemos destruido”.

Las pequeñas cosas generan grandes cambios

Si uno es consciente de reciclar, no puede caer en lo mismo que los demás, es decir, en pensar que no voy hacer algo solo porque a los demás les da pereza”, manifiesta Andrés “el Negro”. Para él, al parecer, las pequeñas cosas son las que permiten cambiar concepciones sobre la vida. Tanto los malabares como la artesanía, pueden transformar un sistema completo, mediante la ruptura de esquemas y estereotipos. Por ello, este joven considera que “lo que aprendí y estoy aprendiendo en mi carrera lo voy a aplicar a lo que quiero, porque es la única manera de transformar el sistema desde adentro”.

Finalmente, el Negro Andrógino concluye diciendo que después de haber tenido la oportunidad de visitar muchos lugares en Colombia “lo importante es compartir con mucha gente, aprender y conocer gente extranjera, porque con eso uno puede cambiar concepciones”, que ayudan a entender que a los otros también les afecta lo que uno hace. Además “aprendemos a respetar a los demás, independientemente, de cómo piense o sea. Y lo más importante aprendemos a pensar para todos y no solo para uno”.