En los ‘zapatos’ de un hincha…

EL ÚLTIMO JUEGO EN EL MINERÃO

Jogo do Cruzeiro

Jogo do Cruzeiro 2013. Campeonato Brasileiro. Tricampeão Brasileiro.

Había leído que la línea entre ser investigador y pasar a ser también un sujeto de estudio, a veces en la etnografía, puede ser cruzada fácilmente, más si el raport[1] entre informante e investigador sucedía de manera espontánea. Durante los 5 meses de trabajo de campo en Brasil, nunca había alcanzado tal nivel de empatía con alguno de mis informantes, pues técnicamente ya habíamos construido una relación de amistad, cuando decidí que como parte de mi investigación, el fútbol y su nivel de penetración en la sociedad brasileña sería parte de mi indagación sobre el consumo cultural.

Llevaba cuatro meses viviendo en la casa de una familia belohorizontina, cuando Cristiana Bahía y su Hermano Alexandre Parissi me ofrecieron mudarme a su casa para vivir y compartir con ellos el último mes de mi estancia en Brasil. En el momento en que eso sucedió, ya había tomado la decisión de lo relevante que resultaría para mi examinar esa relación del futbol con el consumo de bienes culturales. Tras una larga disertación entre mis gustos deportivos y mis intereses académicos, resulté asumiendo una posición que como joven investigador cuestionaba mi lectura sesgada sobre la investigación social, ser lo más objetivo posible, no investigar algo que me resultara muy cercano y mucho menos vivir en la casa de mis mejores y mayores informantes, y amigos.

Terminé por darme cuenta que nadie es objetivo y que los grandes antropólogos, como Malinowski, vivieron entre sus sujetos de estudio por años, algo que por el contrario enriqueció su trabajo etnográfico. Al final, intentar vivir esa pasión como la vive un brasilero podría llevarme a encontrar cosas relevantes para mi investigación, como lo cuento más adelante. Ese interés por el futbol tuvo su origen en nuestros encuentros de extranjeros e invitaciones a comer y cocinar. Además ocupó gran parte de mis últimas anotaciones en mis diarios de campo, las cuales pongo en orden aquí y presento para ustedes.

“El fútbol nunca fue de mi interés”

Pensar en la primera vez que fuí al estadio en Ibagué me resulta complicado, más cuando desde pequeño mi pasión por este deporte no fue muy grande. Los días en que transmitían algún partido de fútbol mis padres solían decir: “Ash! No hay nada que ver”. Gastaban horas enteras ‘canaliando’ hasta que resolvían que fuéramos a dar una vuelta para pasar el día. Sí, resulta tal vez extraño, pero hay en Colombia familias que no les gusta el fútbol, y la mía es una de ellas.

Mi primera vez en un estadio, si bien recuerdo, fue cuando tenía unos 6 o 7 años. Un juego del Deportes Tolima contra algún otro equipo. Un tío me invitó. Yo tan sólo recuerdo una tribuna no muy llena y un cojín rectangular sobre el que estaba sentado. Después de esa vez, nunca más entraría a un Estadio hasta el día en que el Cruzeiro se coronaría como “Tricampeão Brasileiro” en el Estadio Minerão de Belo Horizonte, Brasil.

 El origen del retorno

IMG_3554Llevaba cerca de tres meses intentando evadir la invitación para ir al Estadio por parte de unos amigos “200% torcedores – hinchas – ” del Cruzeiro, como ellos mismos dicen. Cosa que no había podido evitar con los juegos que asistimos por televisión, siempre estaban camuflados con alguna invitación a comer açai, rodizio o alguna cosa así. Sin embargo, fue eso y las constantes fotos y videos enviados por Whatsapp durante los juegos, lo que me hicieron asumir un reto personal por ir al Minerão.

Recuerdo que la decisión la tomé  después de un juego del Cruzeiro contra el Botafogo, nunca había visto tanta pasión en una persona por un equipo como en Cris (mi anfitriona en Brasil), cada juego victoria o derrota era celebrado por ella y su familia. Hermano, madre, enamorado y amigos de ella siempre se reunían para ver los partidos cuando no podían o alcanzaban a comprar los ingresos. Cada gol lo celebraran cantando como si estuvieran en el mismo estadio:

Dizem que somos loucos da cabeça

Amamos o Cruzeiro, é o que interessa

O mundo inteiro teme a bestia negra

Seremos campeões e não se esqueza

Nós somos loucos

Somos Cruzeiro”

Como ellos lo cantaban, parecían locos. Locos de amor por un equipo, por sus jugadores, hasta por su propia hinchada. Tanta era la energía al cantar y con la que saltaban en el apartamento, que me había puesto con la “piel de gallina”. ¿Lo mismo se sentirá en un estadio? La única manera de saberlo era si asumía que para comprender esa perspectiva del actor, debía hacer observación participante directamente en el campo de trabajo. Hasta ese momento, mi interés como joven investigador no había ido más allá que asistir algunos juegos por televisión en apartamentos o bares. Si quería entender eso era claro que debía ir al Estadio.

12 horas de fila, 3 de azul celeste

El juego era el primero de diciembre (2013). Los ingresos habían salido a la venta en taquilla tan solo una semana atrás, el 26 de noviembre. La noche anterior (25), llegamos con Alexandre a hacer fila alrededor de las 10 pm, habían cerca de unas 100 personas. Carpas, colchonetas, cartones y plásticos se veía de ahí para adelante. Estábamos en el club deportivo del Cruzeiro. Los hinchas delante y detrás de nosotros hablaban de viejas experiencias haciendo fila, según coincidían unos con otros, en esta ocasión no había tanta gente como en ocasiones pasadas, a pesar de que era la gran final del Campeonato Brasileiro. Sin embargo, para mi no hincha, no brasilero, no amante del fútbol, era demasiada gente, resultaba un poco “salido de los cabellos” hacer fila toda una noche para entrar a un Estadio.

Allí estábamos. Dispuestos a pasar la noche, compramos algo de comida y bebidas calientes. La noche era bastante fría, razón por la cual decidimos abandonar nuestro puesto y arriesgarnos a volver a la madrugada, después de las 5 pm. Efectivamente, al otro día, como habíamos acordado nos encontramos cuatro gringos (como se le dice a todos los extranjeros en Brasil) y un Brasilero. Tras varias horas, sobre la 1 pm del día 26, teníamos nuestros ingresos en la mano.

Llevábamos casi una semana practicando las canciones de la hinchada. Pronunciación, ritmo y entonación. El día del juego, media ciudad estaba vestida de ‘Azul Celeste’. Como es normal en Brasil, pólvora se escuchaba por todo lado. Cerca al Estadio, desde muy temprano la gente se había instalado con asadores, hornos y ollas comunitarias. La final era toda una fiesta, y como no conmemorar con un buen churrasco antes de entrar al juego. Una vez empezamos a hacer la fila para entrar al Estadio allí en adelante fue música, saltos y energía.

El Estadio estaba lleno. Tan solo en la zona reservada para la hinchada del Bahía se veía un gran vacío. Eran las tres de la tarde y a dos horas del juego empezar, sin parar cantábamos y saltábamos:

“Nós somos Cruzeiro
Tricampeão Brasileiro
Nada mais interessa
Nós somos a festa
Ô, ô ô ô ô ô
Ô, ô ô ô ô ô”

 Al unísono, una sola voz, la misma pasión que había visto en el apartamento podía sentirla allí, pero esta vez multiplicada por 60 mil espectadores, congregados para ver perder a su equipo ante el Bahía (2 – 0). Aunque ya era tricampeón, pues en la tabla de posiciones iba 12 puntos por delante del Subcampeón (Grêmio de Porto Alegre), suficiente en Brasil para ser declarado campeón sin jugar una final. Esa experiencia de estar allí en medio de una torcida tan grande me hizo comprender la emoción que se puede llegar a sentir por un equipo. La vibración del estadio es tan grande que siente uno como entra al cuerpo y se expresa en cantos, tensiones y saltos. Ótimo demais viu!

Guber, R. (2005). El Salvaje Metropolinato: Reconstrucción del conocimiento social en el trabajo de campo. Buenos Aires: Paidos.

Ritzer, G. (2000). El encanto de un mundo desencantado. Revolución en los medios de consumo. España: Ed. Ariel Sociedad Económica.

 [1] Rosana Guber (2005), define el raport como la máxima instancia de relacionamiento, durante el trabajo etnográfico, en el que el investigador alcanza un nivel de empatía con el informante, en el que le es posible acceder al universo del informante y de esa manera comprender la perspectiva del actor.