Al final cuatro naranjas

Tarde de montaña

Ilustración: Juan N 

Cuando nos vimos con Kristi y Josh en la Carrera Primera con Calle 13 de Ibagué, nuestro plan era llegar directamente a visitar una comunidad desplazada de Chaparral, Tolima, o eso fue lo que habíamos acordado. Sin embargo, al llegar a la zona rural de Ibagué, en el sector de Chapetón sobre el Cañon del Combeima, empezamos a caminar hacía Ramos-Astilleros, una vereda del lado oeste del Río Combeima.

Sin tener claro hacía dónde íbamos exactamente, pues Kristi no recordaba bien el lugar donde se encontraba la comunidad, andamos por cerca de una hora y media. Pasamos por varios nacimientos de aguas y algunos puntos en la montaña que servían como mirador, desde los que la ciudad se veía como un pequeño pueblo con unos cuantos edificios, pero tan solo era una parte del centro. En el horizonte, a lo lejos, el sol caía sobre la cadena de montañas de la Cordillera Central. Una imagen memorable para grabar en mi mente, pues mi cámara aún sigue en el taller.

Después de caminar montaña arriba por cerca de dos horas, llegamos a una parte donde se encontraban naranjas a lo largo del trayecto, la mayoría en estado de descomposición y tan solo dos, en buenas condiciones para comer. Las compartimos entre Josh, Kristi y yo. Subimos unos cuantos metros más, antes de confirmar de que estábamos completamente perdidos, y nos encontramos con un árbol de naranjas. Lleno de ellas. Fue como una retrospectiva. Recordé cuando de pequeño íbamos a la finca del tío y nos subíamos a los árboles de mandarinas. Así, decidí que estaría bueno intentarlo de nuevo.

El árbol estaba al borde de la ladera encima de nosotros. Subir se suponía, al menos para mi una hazaña que podría dejarme por lo menos una cicatriz, tras años de no hacer algo parecido. Al primer intento, me sostuve de una raíz vieja y se rompió. Caí. Así, que mire de nuevo e intente con otras raíces, esta vez tuve éxito. Pude subir a la ladera y una vez allí, de una manera muy ingenua intenté tumbar con una guadua las naranjas golpeándolas, evidentemente no cayeron. Porqué no subirme al árbol y tomarlas con mis propias manos como lo hacía hace muchos años. Lo hice, al final cuatro naranjas. Empezamos a descender para volver a la carretera principal con la satisfacción de que nos perdimos, pero habíamos comido naranjas, dulces y muy jugosas. Fue una buena tarde junto a dos buenos amigos Josh y Kristi.