#OPINIÓN Independencia periodística, dignidad y política

Foto: Leonardo Gil

Foto: Leonardo Gil

Conservar la dignidad para no tener que recogerla después, entre los despachos y secretarías de la administración municipal, se convierte a veces en una tarea difícil para algunos periodistas en la región. Antiético resulta, es a penas obvio.

Una amiga, en su experiencia y sabiduría, al iniciar en mi ejercicio como periodista me decía: “si uno tiene agallas para hablar, también eso significa renunciar a otras cosas pero, al menos, permitirá tener una vida con dignidad”. Está absolutamente en lo cierto. Una sencilla clase de ética para aquellos que construyen sus agendas informativas de acuerdo con el volumen de la pauta.

Resulta común ver a los periodistas persiguiendo funcionarios públicos y políticos, no precisamente para pedir declaraciones y explicaciones por el manejo de recursos, sino para que por favor agilice la compra de la pauta o ayude a un familiar a conseguir empleo. Triste panorama.

Es precisamente a ese tipo de favores a los que se debe renunciar. No solo por responsabilidad ética, también por dignidad humana. Queda mal estar detrás de un político esperando algo a cambio. Es como la metáfora del perro callejero detrás del mendigo recogiendo las migajas del pan que se come.

No hace mucho en una entrevista con la Senadora Claudia López, me decía que valoraba mucho la labor de los periodistas en las regiones por lo “titánica que ésta resulta, pues tienen que hacer de periodistas, publicistas o jefes de prensa al mismo tiempo mientras construyen sus agendas”. Sin embargo, esto no es razón para dejar a un lado la rigurosidad, la investigación y sobre todo, la independencia. Algo en lo que concuerdo con ella.

No se puede ser independiente cuando la publicidad se concentra principalmente en la oficial, como sucede en Ibagué. Funcionarios de la alcaldía, convierten la pauta en una manera de presionar a periodistas y gerentes de estaciones de radio para que “Luis H. Rodríguez (alcalde, se supone) no se moleste”, o como se le volvió costumbre amenaza con demandar a quien le haga “matoneo”.

Es claro que hay quienes les gusta ceder ante tal presión, así como existen respetables periodistas que por independencia, ética o simple dignidad, se resisten a ella. Pues es de anotar que no sólo el tema de la pauta es un factor con el cual lidiar. Funcionarios y políticos, groseros por decir lo menos, piensan que pueden tratar a los periodistas (o a las personas) como se les venga en gana.

Por estos días, me acerqué al Concejo Municipal para tomar algunas declaraciones y no me sorprendió ver periodistas amiguísimos de los concejales. Intenté entrevistar a Carlos Pórtela, concejal, en varias oportunidades asumiendo que su trato debía ser igual con todos los periodistas, sin diferenciar entre amigos, conocidos y no amigos.

Efectivamente, supongo que por no ser de esos periodistas íntimos, su respuesta en un tono fuerte y grosero fue: “no ve que estoy ocupado mano”. Posterior a eso, para mi infortunio, lo encontré en el ascensor del edificio donde trabajo y él, en su desvergüenza, asumió que podía hablarme como si nada hubiera pasado. En consecuencia, mis respuestas fueron monosílabos, pues por dignidad no merecía menos. Tal vez sí, el silencio y la indiferencia.

No digo que los periodistas, políticos y funcionarios deban ser enemigos o tener una mala relación pero, al menos si mantener una distancia prudente. Exigir respeto a los funcionarios cuando estos intenten poner la dignidad del otro por encima de su ego. Una relación horizontal. El periodismo se manosea cuando hay de por medio oportunismo y dinero. Por eso, un periodista no puede hacer de sus fuentes sus “mejores” amigos, menos a un político.

El maestro Javier Darío Restrepo ha insistido que la ética del periodista debe llegar hasta la cordialidad con sus fuentes nunca más allá, menos con los políticos, porque entonces la información empieza a doblegarse más hacía un lado. Esa es la crisis del periodismo, cualquier buen periodista lo sabe. Al menos el que haya tenido la oportunidad de leer a Kapuscinski o el mismo Gabriel García Márquez.

La política y el periodismo sólo pueden llegar a tener una buena relación en las salas de redacción mientras se analiza, investiga y escribe, nunca fuera de ellas. Por eso, en las regiones, la independencia se vuelve una verdadera prueba de dignidad, no entregar su libertad de informar con rigor, veracidad y profesionalismo es un reto cada vez mayor, que sólo los verdaderos periodistas aprecian. La independencia es dignidad y conservarla es la mejor muestra de coherencia política.