Y así fue el 2015: Inédito

2015

Desde que tengo un blog (2010) no había escrito una entrada para despedir el año. El 2015, sin dudas, lo merece, particularmente porque fue el año en el que más escribí. Y por eso, la mejor manera de cerrarlo es redactando 12 párrafos que resumen, fundamentalmente, que estos 365 fueron inéditos.

En las primeras semanas de 2015, estuve viajando por el eje cafetero. Una lugar en el que personalmente siempre encuentro mucha calma y tranquilidad para reflexionar. Estando allí, me encontré con un libro que me reafirmó la idea de que los seres humanos somos en esencia la suma de todas nuestras vidas y experiencias pasadas. Una enseñanza budista que me ha permitido comprender varias cosas de mi.

Después de este viaje, duré varias semanas buscando bolsas de empleo y presentándome en cuanta convocatoria salía para poder encontrar un trabajo, como miles de colombianos lo hacen cada año. Fueron días de frustraciones, sorpresas y hasta decepciones. Por fortuna, después de ser rechazado por estar “sobre calificado” para ejercer como periodista en un medio regional, otro diario local me llamó para hacer parte de su equipo de trabajo.

Así fue como ingresé a ELOLFATO.COM. Aquí fui escogido por “talentoso”, como me lo expresó en algún momento el director de este portal, Luis Eduardo González -ahora un gran amigo que este año me dejó-, el mejor periodista de investigación de esta ciudad. Un maestro, amigo y profesional integro. Allí tuve mi primera experiencia periodística. Un reto gigante. Especialmente, porque al ser el mejor medio de la ciudad, en mi concepto y el de muchos otros, la responsabilidad de informar de la mejor manera me aterraba.

Al principio me sentía inseguro, revisaba un párrafo una y otra vez. No entendía mucho el panorama político de la ciudad, en otras palabras, era un “buñuelo del periodismo”. Sin embargo, el 2015 me enseñaría en esos primeros meses que la mejor de aprender es preguntando, dejando de lado las pretensiones de “me lo sé todo”, y mejor asumiendo que realmente no sabía nada. Entonces, mi colega Kimberly Castañeda se convirtió en mi maestra. Gracias a Kimi empecé a entender como se movían los hilos del poder en la región. De hecho, en medio de esas charlas periodísticas y personales, un día descubrimos que habíamos nacido el mismo día, año, ciudad, igual profesión y que nuestras madres, ambas, eran maestras. Desde allí nos llamaron ‘Los victorinos’. Durante varios meses compartimos y aprendí de ella que uno debe hacer lo que le hace feliz.

En esta redacción aprendí a tener paciencia, fortalecer mi carácter profesional, reafirmar que los principios éticos están por encima de cualquier interés individual o económico, y que el periodismo necesita personas jóvenes, independientes, rigurosas, dispuestas a decir la verdad sin importar que después deban enfrentarse a la intimidación o censura. El Olfato fue y será mi casa, un lugar de gratos recuerdos donde conocí personas maravillosas, donde reaprendí “el oficio más bonito” del mundo, como lo dijo Gabo.

Los meses allí pasaron rápido. Fueron días llenos de experiencias malas, regulares, buenas, divertidas y anecdóticas. Conocí colegas y fuentes que con el tiempo y hasta ahora se convirtieron en buenos amigos. Especialmente, mis colegas de la radio. Tres mujeres luchadoras que me ayudaron a ‘moverme’ en las jornadas informativas y a quienes les agradezco infinitamente su paciencia y colaboración.

A pesar de las arduas jornadas de trabajo y el poco tiempo libre, también sacaba el espacio para compartir con familia y amigos. En 2015, tuve la posibilidad de viajar a varios lugares, desde comienzo hasta fin. Estos recorridos los hice en compañía de dos grandes amigos -por no decir mejores- y confidentes Diome y Clau. Ellos me recordaban que no todo era trabajo y siempre debía haber un momento para compartir. Como no mencionar a Dianita, Karen, Geral, Masty, Juli y una lista de más nombres. Estos viajes, como suelen hacerlo me renovaron por dentro, me permitieron respirar y conocer nuevos lugares. El Dalai Lama dice que al menos una vez al año se debe ir a un lugar desconocido, este año fue a varios y realmente como Su Santidad lo dice: reconforta el espíritu.

Eso fue en la primera parte del año, después todo se volvió más interesante y conocí muchas más personas. Casi como si todo se hubiera acomodado para que medio año estuviera dedicado al periodismo, y la otra mitad a poner en práctica mi profesión como politólogo -que en el año también me dejó una publicación de un libro-. Entonces renuncié a El Olfato -sin hacerlo al periodismo- y me fui a hacer parte de la campaña de Guillermo Alfonso Jaramillo. Allí tuve la oportunidad conocerlo a él, su esposa, mascotas y un grupo de colaboradores cercanos, y un gran número de gente que por meses trabajó “por Ibagué con todo el corazón”, porque vimos en este médico la posibilidad de tener una ciudad diferente.

Ese medio año estuvo bastante movido. Domingo a domingo recorrimos cientos de kilometros y calles, contándole a los ibaguereños que era posible transformar esta ciudad. Confiaron en nosotros y ganamos. Ahora vamos a cumplirles. Pero lo más importante de la campaña fue las amistades que me dejó. Allí conocí un grupo de jóvenes trabajadores y comprometidos: Diego, Angie, Olga (el mejor equipo de comunicaciones). También con otros nos hicimos más amigos y nos convertimos en un grupo bastante peculiar, Las Palmas, con quienes los lazos se fortalecieron tanto que no hay día que no nos hablemos y nos burlemos de nosotros mismos. (Muma, Fio, Metch, Juandi, Jenni, Javi, Cami. También, está mi compañero y amigo de cruzada Javier Guerra, a quien le agradezco infinitamente su paciencia en este 2015. Claro otros amigos como Cecilia Correa, Wilmar, Nayid, Rocío y demás gente de la campaña que también se ganaron mi respeto y aprecio.

Y como no mencionar esa experiencia única de caminar más de 22 horas hasta el Nevado. En esas nieves perpetuas junto a Guillermo Alfonso nos comprometimos a defender este territorio y sus montañas. En ese recorrido, tuve la oportunidad de conocer la humanidad, fuerza y bondad de este particular político, así como la sencillez, sensibilidad y amabilidad de su esposa, Vilma Gómez.

Y por supuesto, este año me trajo la posibilidad de seguir en contacto con mi querida familia en Brasil y mi gran amiga Tamires. Para que no olvide ese pequeño espacio en mi corazón que “bate forte” cada que escucho MPB. Sin dejarme olvidar lo que significa esa bella palabra de “saudades”.

Así fue el 2015. Fueron 365 días de sorpresas. Un año lleno de experiencias, alegrías, viajes, gente nueva, retos, luchas, temores, preocupaciones, lecciones, aprendizajes, caminatas y logros. Cada día fue esencialmente productivo, energético y sabio. Hasta último momento conocí y me reencontré con personas agradables, que me hicieron sonreír y sonrojar en estos últimos días del año, y que con seguridad espero continuar viendo en 2016.

Finalmente, todo esto no habría podido ser posible sin el apoyo de mi familia, quienes durante todo este año de manera incondicional, me apoyó en cada una de mis decisiones. A ellos los amó. Pues como no ocurría hace varios años los pude tener juntos a todos en está época. Volverme a ver con mis hermanas, los tres juntos es lo mejor del año. Un año al que por menos debo decirle: ¡Gracias Totales!.